Estudiar una carrera universitaria de manera exitosa muchas veces implica tomar al estudio como un trabajo. La responsabilidad y la planificación tienen que estar presentes para disfrutar al máximo cada momento y lograr buenos resultados académicos.

Claves para una buena organización y planificación:

      Conocer los horarios y demandas de cada asignatura. Parece un punto obvio pero es muy importante. Consultar los horarios de cursado y fechas de exámenes, el tiempo aproximado para realización de trabajos prácticos -o entregas si las hubiere- ayudará enormemente. Cumplir con este ítem conlleva averiguaciones personales, llamados telefónicos, análisis y selección de turnos de cursado, etc. por lo que debemos brindarle la atención que merece.

      Establecer los tiempos requeridos para cada materia. Una vez que conozcas los horarios y demandas de cada asignatura, te será posible determinar (al menos de manera aproximada) qué tiempo tendrás que dedicarle a cada una. No es necesario que estudies todas las materias todos los días, posiblemente sea recomendable que te enfoques en una o dos por día, priorizando las que tendrás al día siguiente para asistir con los conocimientos “frescos”. Es importante que al terminar una clase anotes lo que se te exige para la siguiente para poder organizarte y cumplir en caso de que sean actividades cuyo desarrollo requiera varios días.
En cada ocasión intenta hacer las cosas bien pero no subestimes ni tampoco sobredimensiones las tareas, la exageración desequilibrará tus planes y/o aumentará tu estrés, atentando contra tus tiempos libres que también son muy valiosos.

      Confeccionar un calendario semanal y/o mensual propio. Puede ser un gran afiche sobre la pared o una hoja de cuaderno pegada en el escritorio, la opción que prefieras siempre y cuando esté en un lugar visible. También puedes utilizar las alarmas y recordatorios del teléfono móvil, una buena idea siempre y cuando no desactives los avisos sin cumplir con lo que te propusiste al activarlos.
Aquí se incluirán horarios de cursado, actividades recreativas, reuniones familiares o de amigos ya programadas (cumpleaños por ejemplo), turnos médicos, etc. Si se opta por lo escrito o impreso, la prolijidad es imprescindible, el uso de resaltadores y lapiceras de colores para destacar ciertas palabras es recomendable; procura hacerlo espacioso para poder ir agregando actividades que vayan surgiendo.

      Cumplir, no aplazar ni posponer permanentemente. Este punto es simple pero fundamental: debemos proponernos objetivos factibles y hacer lo posible para cumplirlos. No sólo mejorará nuestro desempeño académico sino que nos hará aprovechar mejor nuestros tiempos libres, sin culpas y a pleno.
Debemos ser firmes en este punto pero no extremadamente rigurosos, pueden surgir contratiempos e imprevistos que modifiquen nuestro esquema de actividades y también para eso tenemos que estar preparados. La capacidad de adaptación y reorganización son cualidades valiosas; por supuesto, en lo posible, siempre es mejor cumplir con lo organizado en primera instancia.

      Privilegiar la calidad a la cantidad. Que el tiempo de estudio sea de estudio: es mejor una hora de plena concentración que toda una tarde en la que la distracción permanente sea la protagonista.
Además, tomar descansos regulares cada cierto lapso de tiempo (por ejemplo cada una hora de trabajo) te ayudará a enfocarte y lograr mejor concentración. Es importante que los minutos destinados al descanso se respeten y no se excedan, sino se desordenará tu planificación y esto impactará directamente en la eficacia y eficiencia de tu esfuerzo.

      Armar buenos grupos de estudio y para la confección de trabajos prácticos. Debemos priorizar equipos de trabajo que nos potencien y a los cuales potenciemos. Sumar esfuerzos y cualidades distintivas es un plus, enriquecerá las tareas mejorando los procesos y resultados.
No es necesario que todos hagan lo mismo ni que las personalidades sean de características similares, pero sí que se comprometan y se esfuercen de manera equivalente (esto evitará conflictos y sensaciones negativas).
La sinceridad debe primar siempre, tanto a la hora de conformar los grupos como en el transcurrir cotidiano. Debemos ser honestos y expresar qué objetivos queremos lograr en la materia en cuestión, cuáles son nuestras expectativas y, en caso de atravesar puntualmente complicaciones personales que nos impidan cumplir con lo acordado, planteárselo al grupo lo antes posible. Una palabra dicha a tiempo y con respeto ahorra momentos tensos y discusiones eternas.
Respecto a cada asignatura, las metas de cada uno pueden variar (regularizarla, promocionarla, rendirla inmediatamente o no, etc.). Conocer y exponer con antelación sobre este punto permitirá armados de grupos con objetivos afines, optimizando resultados y conservando amistades.

      La alimentación, un bastión. No es un punto para nada menor, lo que comemos y bebemos conforman la fuente de energía para la vida y, en este caso, para rendir más intelectualmente. Una alimentación equilibrada donde se incluyan frutas, verduras, legumbres, etc. hará que el rendimiento académico sea mucho mejor. En el afán de mantenerte despierto/a por más y más horas no ingieras bebidas energizantes, café en exceso ni otras sustancias que puedan dañar tu cuerpo, ni tampoco te saltees comidas por no hacer una pausa en el estudio, la salud primero que todo.

      Dormir bien, sobre todo antes de los exámenes. Es fundamental contar con las horas de sueño necesarias, una mala noche hará que al día siguiente tu cerebro no rinda al máximo. Los extremos no son recomendables: procura no dormir de menos pero tampoco te excedas con la almohada.

      Destinar tiempo a las actividades extras que te generen placer. Este punto es tan importante como el estudio, si no dedicas momentos para la práctica de actividades deportivas y recreativas, la distracción, el relax y la conexión verdadera con tus seres queridos, no disfrutarás a pleno la vida universitaria y es probable también que tus resultados académicos no sean los mejores (el estrés, las presiones autogeneradas y el aislamiento pueden jugarte una mala pasada). Tu vida social debe exceder a la universidad.

      Entregarse sin perderse. Debemos brindarnos al máximo, sin que eso sea sinónimo de anular o suspender los demás aspectos y momentos de nuestra vida.
La etapa universitaria es fantástica pero si se toma de ella todo lo bueno que nos ofrece. Aprovecharla y valorarla es más que sólo conseguir buenas notas: es conocer gente y enriquecerse con cada vivencia; viajar cuando surge la oportunidad; conservar, ampliar y mejorar los lazos afectivos; aprender reflexivamente de lo teórico y desarrollarse en lo práctico; etc. La universidad es abrir la cabeza y abrirse al mundo, es seguir siendo la misma persona pero enriquecida, es entregarse sin perderse. Es, al fin y al cabo, encontrarse para seguir buscando.