Como es sabido, todo depende del uso responsable o no que cada uno/a haga de él. A continuación, los pro y los contra de este compañero cotidiano. Al final de este artículo, la palabra de Leticia Luque, especialista en la materia.

      Lo bueno del celu. Entre sus beneficios más importantes están los siguientes:

Organización de la agenda. Es un dispositivo magnífico para organizar las tareas cotidianas, clasificando y programando las obligaciones diarias, semanales, mensuales, etc.
Un consejo: no dejarle por completo esta responsabilidad al teléfono móvil, puede agotarse su batería, fallar, extraviarse o ser robado. Seguir anotando ciertos datos en una agenda tradicional y hacer periódicamente un backup (copia de seguridad) del contenido importante que tenemos en nuestro celular, evitaría un inminente caos en nuestra organización.

Multipropósito. Los actuales se diferencian bastante de los móviles primitivos -analógicos- que sólo permitían llamar y recibir llamadas (sumado a la posibilidad de tener una simple lista de contactos). Hoy nos posibilitan estar conectados a internet, administrar nuestro/s correo/s electrónico/s y redes sociales, fotografiar, filmar, crear y editar audios y textos, leer libros electrónicos (e-books), obtener ubicación y orientación precisa para arribar a un destino específico, etc. De ahí la practicidad y comodidad que proporcionan.

Ahorro de tiempo y dinero. Al ser un instrumento que simplifica diversas tareas y procesos, el ahorro en gastos y en pesos puede ser significativo. De todos modos, una compra inteligente (de un aparato adecuado y de un plan mensual acorde a nuestras necesidades) es fundamental; errar en este punto puede hacernos caer en lo opuesto e indeseado: gastos innecesarios.

Comunicación instantánea y casi permanente. Permite una inmediatez en la comunicación que hasta hace poco tiempo era impensada. Quienes tienen 25 años o menos, quizás no sean tan conscientes de este aspecto; nacieron y crecieron con este universo de posibilidades por lo que pensarse de otra manera es situarse en otro paradigma.
Así, es viable ubicar a alguien o ser ubicado/a por alguien sin demasiados problemas. Por supuesto, tiene sus limitaciones: falencias en los servicios prestados por las empresas proveedoras de red, falta de cobertura en ciertos lugares, etc.

Seguridad personal y emergencias. Este aspecto se entiende dimensionando el anterior. Con un celular a mano, crecen las chances de dar aviso al instante si estamos en presencia de un acto que ponga en peligro nuestra integridad y seguridad personal; igual si necesitamos ayuda inmediata por estar en situación de emergencia médica, climática, etc. Por ejemplo, personas extraviadas han sido encontradas gracias al acceso a la información de su móvil que permitió su localización; también, muchos casos policiales han sido resueltos debido a, en gran parte, la ayuda determinante de acceso a esta data.

Acercamiento de los lejanos. Con la inclusión de Internet a un bajo costo en el celular, las posibilidades de comunicación se han ampliado y las fronteras reducido. Hoy es posible escribirse o hablar con quienes están lejos sin gastar demasiado y al instante. ¡Impensado hasta hace unos pocos años!

Mejora en las posibilidades laborales. Es indudable, hacer un uso eficiente del celular incrementa las oportunidades de lograr un mejor trabajo y/o de obtener mayores beneficios en el actual (ya sea en relación de dependencia o como cuentapropista). Este y otros dispositivos que se inscriben en las denominadas TIC (tecnologías de la información y la comunicación) son grandes aliados a la hora de ejecutar ciertas tareas laborales.

Pasatiempos variados. Tanto para niños como para adultos, representa un centro de entretenimientos personalizado, plausible de hacer y deshacer a gusto propio: Juegos, música, videos, e-books, edición de archivos, son algunas de las posibilidades.

      Lo malo. Entre las desventajas por el mal uso de este compañero electrónico, encontramos:

Descuidos y desatención. En el tránsito, en el aula, donde sea, el teléfono móvil es señalado como el culpable de muchas distracciones que causan desde dificultades menores a problemas mayores. Problemáticas que aparecen o se magnifican cuando se hace un incorrecto uso del móvil en ámbitos donde no corresponde su utilización o donde esta debe ser limitada.

Desconexión real con los afectos. Contrariamente al aspecto positivo que genera sentirnos más cerca de aquellos que tenemos lejos, el celular puede alejarnos de nuestros afectos más próximos, de aquellos a los que tenemos a pocos metros o, incluso, centímetros. Muchas veces, se hace necesario acordar en la dinámica familiar cuándo y cómo, en qué momentos del día, es permitido hacer uso del teléfono personal para no tener almuerzos, cenas y salidas familiares en donde las conversaciones cara a cara sean casi inexistentes como consecuencia de la relación inseparable de los miembros del grupo con sus respectivos dispositivos digitales.
Una situación que también da cuenta de esta complicación es aquella en la que amigos o parientes que viven en la misma ciudad, y a pocas cuadras de distancia, pasan meses sin verse y sólo mantienen relación a través del celular, prometiendo permanentemente encuentros presenciales que nunca se concretan; así, se pierde lo gratificante de la relación cara a cara, de la comunicación no verbal y de todas esas pequeñas cosas del contacto personal que las relaciones virtuales no logran reconstruir.

Interrupciones varias. Existen contratiempos provocados por interrupciones propias del mismo servicio de telefonía, resultado del mal servicio que prestan las empresas o por otras razones. Pero, en este caso, nos referimos a las múltiples interrupciones que el indebido (o descuidado) uso del teléfono móvil puede causar en conferencias, clases, reuniones, etc. Esto suele generar en el resto de la gente molestias, enojos, distracciones y otras sensaciones no muy agradables.

Ansiedad tecnológica, dependencia. Si bien podríamos decir que estas sensaciones quizás acompañen a la persona use o no teléfono móvil, es apreciable que en algunos casos se ponen de manifiesto especial y marcadamente respecto a ese aparatito que parece despertar (o resaltar) estos y otros aspectos de la personalidad. Así, sobresale un exagerado miedo, desesperación, sufrimiento, angustia, etc. por no poder hacer un uso parcial o completo del celular y perder la comunicación a través del mismo por un lapso de tiempo, ya sea por descarga de la batería, falta de conectividad a Internet, problemas en la línea telefónica, etc. Son variados los síntomas que pueden aparecer (o potenciarse) en estas situaciones: dolor de cabeza y de estómago, ansiedad, taquicardia y pensamientos obsesivos (entre otros).
Si somos conscientes de que esto nos puede estar pasando, unos simples cambios de actitud y de hábitos pueden ser la solución. Prevenir y actuar a tiempo es la mejor medicina para evitar males mayores. Dado el caso, una consulta a tiempo con un/a especialista de la salud abocado/a a este tema puede ser una opción inteligente.

Gasto excesivo de tiempo y dinero. Utilizar de manera inadecuada el teléfono puede generar problemas económicos y asociados al reloj. Un consejo: control y planificación son buenas decisiones para evitar esa indeseada situación.

Problemas de salud. Muchos estudios e investigaciones coinciden en que el uso excesivo del celular a lo largo del tiempo puede provocar o potenciar diversas complicaciones en el ámbito de la salud, (por ejemplo ansiedad exacerbada, como mencionábamos antes).
Los celulares emiten energía de radiofrecuencia, la exposición a la radiación que produce esta energía podría aumentar los riesgos a contraer ciertos tipos de cáncer. También, estos instrumentos de comunicación pueden provocar: trastorno de sueño; dolores varios -de cabeza, oídos, cuello, etc.-, por una mala postura al mantener una comunicación; alteraciones negativas en el funcionamiento de distintos órganos del cuerpo si se coloca uno de estos dispositivos cerca de dichas partes por largos períodos de tiempo (corazón, zonas genitales, etc.).
Estos y otros problemas de salud podrían ser provocados por este compañero electrónico, aunque en la mayoría de los casos se requieren más investigaciones para obtener resultados contundentes.

Problemas para la seguridad personal e intimidad. Exponer exageradamente nuestra propia vida -y la de nuestra familia- en las redes sociales, dialogar y establecer vínculos peligrosos con desconocidos, etc., puede traer como resultado problemas relacionados a la seguridad y a la intimidad. Que los adultos sean precavidos y que los niños y adolescentes tengan una fluida comunicación con sus padres sobre la importancia de este punto es fundamental. Además, un control inteligente y adecuado sobre los menores de edad por parte de quienes los crían y protegen es de vital trascendencia. Estar informados y prevenidos es la mejor herramienta para evitar situaciones desagradables y hasta irreparables.

Contaminación tecnológica. El planeta está cada vez más cargado de chatarra tecnológica y desde el surgimiento de los celulares esta situación se agravó. Existen leyes y proyectos para evitar una contaminación mayor (claramente prevenible) pero los intereses económicos de grandes empresas, como así también el descuido y la minimización de esta realidad -y de sus consecuencias- por parte de muchos de los que usamos esta tecnología, parecen por ahora inclinar la balanza.



      Por Leticia E. Luque
(Doctora en Ciencias de la salud, Lic. en Psicología y Analista de Sistemas
Directora Proyecto Secyt-UNC Creencias adictivas en el uso abusivo y patológico de TIC)

Dado que el teléfono es una herramienta con fines sociales (laborales, organizativos, comunicacionales), correspondería destacar que su uso no es negativo per se, porque corresponde priorizar el fin colectivo que la herramienta posee. Como dispositivos tecnológicos, al menos los teléfonos inteligentes, configuran una herramienta cada vez más necesaria en la medida en que sirve para resolver problemas de forma eficaz y eficiente.
No obstante, no puede desconocerse que su inclusión en la vida actual ha tenido impactos impensados que van más allá de lo comunicacional y organizativo. Sin pretender patologizar la vida cotidiana, corresponde señalar que los casos de dependencia al teléfono y de adicción a la tecnología siguen en aumento. Este impacto negativo muestra que se ha ubicado a estos dispositivos como objetos-fuentes de placer, en un intento de cancelar o tapar necesidades que son de índole emocional y que esto es producto de una época de vacíos (existenciales, de valores, de objetivos, de metas a largo plazo).
Frente a esta realidad, y reiterando que los teléfonos móviles por sí mismos no producen daños, es deseable que cada uno elabore su propia reflexión sobre el lugar que estos tienen en su vida y el que realmente deberían tener. Es recomendable que efectúe su propio balance sobre lo bueno y lo malo que este dispositivo tecnológico puede proveerle.