El doctor Abel Albino, titular de Fundación Conin (Cooperadora para la Nutrición Infantil), visitó la UCC el pasado jueves 9 de octubre y firmó un convenio marco de colaboración para futuros proyectos con nuestra Universidad.
Luego de una conferencia brindada a alumnos de la carrera de Nutrición (que se pareció más a una charla de padre a hijos que a un formal evento académico), dialogó con Noticias UCC y dejó conceptos para destacar. A continuación, conoceremos un poco más a la persona detrás del doctor, a su pensamiento puesto en palabras a las que respalda con acciones cotidianas.
Frases fuertes de su autoría, palabras contundentes, sencillez, humildad y un amor inmenso por los niños y por nuestro país lo caracterizan. Es de esas personas que no pasan desapercibidas, que cuando hablan dan ganas de escucharlas. Despierta la atención no sólo por su conocimiento en el campo de la medicina sino por sus opiniones personales y por sus acciones, por su vida, que habla por sí sola.
Es un tipo de mundo, viaja de aquí para allá constantemente intentando promover lo que sueña: que cada niño crezca con las mismas posibilidades sin importar donde nazca. Su propósito no es tarea sencilla, sus objetivos hasta suenan a utopía, pero su voluntad y trabajo permanente permiten soñar y que no sea en vano.
Es un tipo de mundo, es verdad, pero su lugar -en el mundo- sin dudas es Argentina, de donde no reniega y en donde decidió vivir y quedarse a pesar de incontables tentadoras ofertas laborales para radicarse en otros lugares. Eligió no ser de esos jóvenes que se van de su tierra “porque sienten que el país tiene poco para darles”, de esos tantos profesionales que “se creen tan inteligentes, tan cultos y tan finos” que deciden emigrar: “dejan a la madre, a su patria, cuando se está muriendo”. Así de contundentes son sus frases, quizás porque la honestidad, la sinceridad y las buenas intenciones comandan su vida y también sus palabras. Por todo eso, y por tantas otras cosas, resolvió quedarse aquí, porque tal como afirma “la educación y la caridad comienzan por casa, si vos no sos bueno en tu casa es poco probable que lo seas afuera”.
Familiero confeso, enamorado de su pequeño nieto que según cuenta tiene enloquecido a toda la familia, no se cansa de remarcar la trascendencia que tiene la alimentación en los primeros años de vida. Lo que ha aprendido de la medicina le permite argumentar sus ideas con cimiento científico y así afirmar: “El primer año de vida marca el destino de un individuo, de un pueblo, de una nación. Se forma el 80% del peso del cerebro que tendrá de adulto. Así que es capital, esencial, es la primavera del sistema nervioso central; después vendrá el verano, el otoño y el invierno pero nunca más tendrá primavera”.
Resalta con énfasis que es fundamental el período de gestación de un pequeño y sus primeros tiempos de vida: “Primero el cerebro, luego la educación. Tenemos que recordar eso y obrar en consecuencia, sobre todo en el embarazo y en los dos primeros años, los llamados mil días: 270 de embarazo, 365 del primer año y 365 del segundo, siendo los más importantes los del primer año”.
Esto lo lleva a una reflexión complementaria y profunda: “Un gran país se hace con miles de niños leyendo, pero para leer y escribir primero hay que tener cerebro. Así que si no apuntamos a ese embarazo y a ese primer año, integralmente, con alimentación y estimulación adecuadas, no vamos a ningún lado”.
Sabiendo de su formación académica y de los objetivos de la Fundación que comanda, tal vez esperamos que hable de nutrición (¡y lo hace!) pero no deja de resaltar la importancia que tiene el afecto que se le da a un infante. Será por eso que, haciendo una particular analogía, asegura: “un chico no es un automóvil al que yo le lleno el tanque y funciona, precisa el mimo, la contención, el abrazo, el cariño”.
No se olvida nunca de ese otro aspecto, el costado afectivo, que para él es tan determinante: “Hay que aprovechar para alimentarlo y estimularlo adecuadamente, porque cada niño necesita una cucharita de leche y un beso. Si yo no lo beso, no le canto El Payaso Pimplín, si no lo engancho con la vida, no va a tener condiciones para educarse el día de mañana”. Lo que dice parece algo obvio pero no por eso carece de importancia.
Albino tiene esa capacidad, ir a los lugares comunes y encontrar en ellos puntos de reflexión, de análisis (y de acción), hacer base allí y aportar su grano de arena para mejorar la realidad.
Cada una de sus frases parece ser un viaje sin escalas a una reflexión profunda. Cualquier comentario improvisado que arroja te obliga a pensar, a cuestionar (y a cuestionarte), a rever los prejuicios y a pensar lo incuestionable desde otro lugar. Un ejemplo claro de ello es lo que desde su visión es una persona sin los mínimos y vitales recursos económicos: “Uno a veces piensa que el pobre es uno igual a nosotros pero sin plata, pero un pobre es alguien sin sueños, sin futuro, sin entusiasmo, sin amor, sin educación que, además, no tiene plata”.
En sus gestos al hablar, en su mirada y en el tono de su voz pueden visualizarse (si es que eso es posible) el compromiso y la convicción que tiene respecto a lo que dice. Entre sus certezas están que la desnutrición “es un mal oculto que nos está golpeando como sociedad” y que “un niño mal alimentado es un adulto con menos posibilidades de competir”. Incluso va más allá, remarca lo que quizás ya es conocido pero es propicio subrayar, que la desnutrición “produce debilidad mental, daño cerebral, provoca que el niño no tenga una buena escolarización ni un buen procesamiento auditivo”. Y, conocedor del tema, pronuncia convencido: “La prevención es la única posibilidad”.
La pasión por lo que dice y hace lo puede, sale a la luz en cada uno de sus palabras. Soñando despierto y haciendo eje en un derecho básico -pero no por ello respetado por la mayoría-, dice: “Todos tenemos que tener derecho a desplegar nuestro potencial genético, todos soñamos con un gran país, creo”.
Cuando se le pregunta qué opinión tiene sobre la novedosa propuesta que se promueve en algunos lugares de nuestro país que busca eliminar la posibilidad de repitencia en el primer grado del nivel inicial opina (sonrisa mediante): “Eso es una estupidez, no sé a quien se le ocurren esas ideas tan curiosas. El chico tiene que tener exigencia, la vida es sacrificio, es disciplina, es estudio, es ponerse y es estar. Usted cuando le pregunta a cualquier premio Nobel cómo ha llegado a esa instancia, esa persona le va a contestar que estudiando, sacrificándose”. Y, dándole un cierre a su respuesta, recuerda y reconstruye una anécdota que forma parte del acervo cultural: ‘¿Cómo se llega a Carnegie Hall (emblemática sala de conciertos en Manhattan, Nueva York)?’, le preguntó un violinista argentino famoso a un taxista en los Estados Unidos, y este le dijo ‘¡ah, para llegar ahí hay que estudiar y practicar mucho!’.
Tiene al hablar la vehemencia y la pasión de un político en campaña electoral, pero la gran diferencia es que no se prepara para ganar ninguna elección inmediata sino que su único objetivo, al menos así parece, es aportar lo que sabe para mejorar la realidad, la cercana y -por qué no- la más lejana. “No soy un improvisado, sé lo que digo y lo que hago”, asegura. Y está claro, a su compromiso y accionar cotidiano le agrega conocimiento y aprendizaje permanente, un coctel necesario para poder decir y hacer con certeza; una mezcla esencial e indispensable para soñar con un futuro mejor y movilizar a otros para trabajar juntos.

Sobre Abel Albino y su obra
Mendocino, viudo, padre de 5 hijas. Médico recibido en la Universidad de Tucumán y doctorado en la de Cuyo. Realizó una especialización en pediatría en Chile, donde conoció a Fernando Mönckeberg y a su exitoso modelo implementado en el vecino país que lo inspiró para fundar Conin en 1993.
Su Fundación hoy tiene más de medio centenar de Centros de Prevención distribuidos en 15 provincias de la Argentina y llega también a otros países como Paraguay, Perú y Gambia (África Ecuatorial), que se basaron en el Centro de Prevención y Promoción Humana “El Plumerillo”, de Mendoza, como modelo y aplican idéntica Metodología en su lucha por combatir la desnutrición.
Recientemente, firmó un convenio con el Papa Francisco mediante el cual se suma Conin a las Escuelas Ocurrentes (Scholas Ocurrentes: Red Mundial de Escuelas para el Encuentro inspirada por la máxima autoridad de la Iglesia con el objetivo de promover la vinculación de todas las escuelas del mundo).
Su obra trasciende, cada vez llega a más lugares del planeta y mantiene intactas las raíces -y las acciones- en Mendoza y en toda la Argentina: el reciente convenio firmado con la UCC es prueba de ello.