En la actualidad, es habitual oír hablar de energías renovables, alternativas, sustentables y de otros términos similares. En este sentido, todavía hay mucho por hacer, pero hay gente que invierte tiempo y esfuerzo en ocuparse de este tema que nos beneficia a todos los que habitamos el planeta tierra.
Para entender mejor la cuestión, es bueno comprender lo básico, lo más elemental. Tal como se describe en el sitio web senado.gov.ar, la energía sustentable (también conocida como renovable) se diferencia de la que utilizamos usualmente porque es inagotable, de menor costo económico y no contamina. Además, se obtiene de fuentes naturales que están a nuestro alcance (sol, aire, lluvia, olas del mar, etc.) y no prometen acabarse pronto.
Dentro de este tipo de energía hay dos tipos: la contaminante y la limpia. En el primer grupo, se encuentran aquellas que se obtienen de materia orgánica y que pueden utilizarse directamente como combustible (también pueden lograrse a partir de los residuos sólidos urbanos). Las de este grupo tienen un problema similar al de la energía generada por los combustibles fósiles: en la combustión emiten dióxido de carbono, gas de efecto invernadero. A pesar de eso, son energías renovables ya que el dióxido de carbono emitido puede ser utilizado luego a manera de materia orgánica.
Entre las denominadas limpias o no contaminantes, están las energías: eólica, mareomotriz, solar, geotérmica, undimotriz, etc. Suele conocerse también a este grupo como energía verde (puesto que es generada a partir de fuentes de energía primaria que respetan al medio ambiente, son renovables en cuanto a que son virtualmente inacabables y no contaminan).

Es tendencia pero tiene resistencia
Cada vez son más las voces que gritan la necesidad de darle más espacio, interés y dedicación a las energías sustentables. El excesivo y/o incorrecto uso de energías no renovables como el petróleo -sumado a su progresivo agotamiento e incidencia negativa en la naturaleza, en el cambio climático, etc.-, hacen que la mirada se oriente cada vez más hacia las energías verdes.
Por muchos años, los seres humanos hemos depositado nuestra confianza y mayores esfuerzos en el mencionado petróleo y en otras energías contaminantes. La necesidad de lograr un cambio es importante, pero la resistencia de algunos sectores también ya que para algunos, las energías no son más que un gran negocio.
Así y todo, la urgencia por poner los intereses indispensables para la vida en un primer plano es clara y mucha gente trabaja en pos de ello. Grandes y pequeños proyectos se desarrollan ya o están prontos a hacerlo, lo que alienta y estimula a un cambio de visión general que nos permita poner el ojo en nuestra propia vida y la del planeta.

Energías no contaminantes, algunas de las más importantes
El sol, una gran opción
La luz solar es un recurso energético natural utilizado por el hombre desde sus primeros pasos en la tierra. La energía solar fotovoltaica, tal como describe el portal amt.solar.com: “es el efecto fotoeléctrico o fotovoltaico que radica en la conversión de la luz en electricidad”. Para hacer realidad este proceso se requieren algunos materiales que tienen la propiedad de absorber fotones y emitir electrones. Al capturar estos electrones, se obtiene como resultado una corriente eléctrica factible de ser utilizada como electricidad.
Desde hace algunos años a esta parte se ha procurado hacer de esta energía un medio más que efectivo para la iluminación de dispositivos, hogares, oficinas, etc.
Especialistas afirman que se transformará en el recurso energético primario dentro de no tantos años. La clave está en lograr avances en los métodos de recolección, almacenamiento y conversión. Actualmente, en Argentina y en el mundo, se trabaja en pos de obtener mejoras en la tecnología fotovoltaica, que permita, entre otras cosas, ahorro de costos económicos en su procesamiento. Se lograron significativas reducciones de costos en los últimos años, por lo que se proyecta que para mediados de este siglo podría convertirse en la principal fuente de energía renovable.
El viento, un soplo de energía
La energía eólica es hija del sol. Es una forma indirecta de energía solar ya que, tal como se detalla en la web argentinaeolica.org.ar, “los vientos son generados a causa del calentamiento no uniforme de la superficie terrestre por parte de la radiación solar. Entre el 1 y 2% de la energía proveniente del sol se convierte en viento”.
Tal como amplía dicho portal, “la energía eólica es un recurso abundante, renovable, limpio y ayuda a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero al reemplazar energías termoeléctricas a base de combustibles fósiles, lo que la convierte en un tipo de energía verde”.
Ha sido aprovechada desde tiempos lejanos para movilizar barcos impulsados por velas como así también, para hacer marchar la maquinaria de molinos al mover sus aspas. Hoy en día, como detalla el sitio mencionado, “es utilizada principalmente para producir energía eléctrica mediante aerogeneradores”.
Es una de las grandes alternativas que se denominan energías del futuro. Es altamente conveniente en términos económicos y, por supuesto, cuenta con enormes ventajas medioambientales.
Océanos y mares, fuerza y movimiento aprovechables
La energía mareomotriz y la undimotriz son excelentes opciones para transformar el movimiento del agua en energía aprovechable. Sobre la primera, la web energizar.org.ar explica: se obtiene aprovechando las mareas, es decir, la diferencia de altura media de los mares según la posición relativa de la tierra y la luna, y que resulta de la atracción gravitatoria de esta última y del sol sobre las masas de agua de los mares. Claramente, es también beneficiosa para el medioambiente: la fuente de energía primaria no se agota por su explotación y es limpia (en la transformación energética no se producen subproductos contaminantes gaseosos, líquidos o sólidos).
Por su parte, la energía undimotriz (conocida también como olamotriz), es la que se produce como consecuencia del movimiento de las olas. El viento, igualmente, juega un papel destacado: “Las olas son el resultado del efecto del viento soplando a lo largo de cientos o miles de kilómetros en mar abierto, lo que origina una transferencia de energía hacia la superficie del océano”, puntualiza energizar.org.ar
La mareomotriz es la más conocida y extendida de ambas, aunque la undimotriz cada vez se utiliza más. Su desarrollo y aprovechamiento es cada vez mayor y son grandes alternativas dentro de las llamadas energías verdes.
El calor de la tierra, energía desde adentro
Es importante la cantidad de energía que la tierra guarda en forma de calor, aprovecharla es una idea inteligente.
La energía geotérmica, tal como especifica el sitio energia.gov.ar, es la que “se transforma en energía eléctrica para uso humano o procesos industriales o agrícolas aprovechando el calor que se puede extraer de la corteza terrestre”.
Se destacan, en la utilización de los recursos geotérmicos, las aguas termales y sus efectos curativos. Asimismo, el aprovechamiento es muy significativo desde el punto de vista minero, “recuperándose mediante diversos procesos las sales que contienen disueltas (las aguas termales, uno de los más importantes recursos geotérmicos)”, detalla el mencionado portal del de la Secretaría de Energía del Gobierno Nacional.
Sin embargo, la utilización de los recursos hidrotermales con fines energéticos es la más extendida.

Entre todos y desde uno
Las llamadas energías verdes son el camino a seguir, el objetivo próximo en lo que a energía se refiere. Orientar nuestros esfuerzos y dedicación en ellas (además del conocimiento puesto en práctica) es fundamental para favorecernos y, sobre todo, beneficiar a las generaciones futuras. No sólo depende de los gobiernos y de las grandes organizaciones trabajar en el tema, está en cada uno de nosotros aportar para un futuro más saludable y repleto de energía aprovechable (y aprovechada).
Interiorizarse, participar en actividades relacionadas, cuidar el medioambiente en las pequeñas acciones del día a día, difundir las noticias e innovaciones sobre energías sustentables, son algunas de las tantas cosas que desde hoy podemos hacer.
Las energías sustentables son el claro ejemplo de que lo bueno para el ser humano no tiene porqué ser nocivo para el medioambiente.