Agustina(izq) en Alemania.


Adaptarse al cambio es crecer

Por Agustina Laprovitta

Uno de los motivos por los que elegí la UCC, además de la enseñanza personalizada, fue por las posibilidades de intercambio que ofrecía. Desde muy chica sabía que me gustaba la carrera de Administración de Empresas y tenía como referencia a mis padres que son egresados de la Universidad Católica de Córdoba.
En 2013, cuando estaba en cuarto año, me fui de intercambio a Alemania y creo que fue una de las experiencias más lindas de mi vida. El hecho de irte por un año a otro país, lejos de tu casa, tu familia y de los amigos, cuesta, pero es sumamente enriquecedor en todos los aspectos. Lo que en un principio parece difícil se va haciendo cada vez más llevadero y agradable, y la adaptación se va dando a su tiempo y paulatinamente.
Con mis compañeros transformamos esa ciudad nueva, extraña en un comienzo, en nuestro pequeño mundo, y cada espacio, cada rinconcito de ese lugar, se hizo más simpático y amigable. Poco a poco comenzamos a apropiarnos de esa ciudad y la residencia donde estábamos pasó a ser nuestro hogar. También, los nuevos compañeros de todas partes del mundo se convirtieron en nuestros amigos y conformamos una verdadera familia. Con ellos compartimos charlas, tardes de estudio, salidas, asados y momentos únicos. Hoy puedo decir que mi experiencia fue maravillosa, me dejó recuerdos inolvidables y personas que conocí que ya forman parte de mis afectos.
Estudiar en otro idioma (en este caso el inglés) es increíble, porque te da la posibilidad de comunicarte con gente de todas partes del mundo. Y vivir en otra cultura tan diferente a la nuestra como es la alemana, en mi caso, fue fascinante. Me impresionó el orden con el que actúan, su manera tan organizada de vida, y creo que esto te sirve como modelo para poder aplicarlo en infinidad de situaciones. Pude capitalizar la maravillosa virtud de improvisar y adaptarme al cambio.
Otra de las cosas que más rescato de esta experiencia es la posibilidad que uno tiene, al estar lejos, de conectarse con uno mismo y con su interior. Se aprende a ver cuáles son las posibilidades y fronteras propias y, también, a comprender más a los otros y sus circunstancias particulares de vida. En mi caso, me sirvió para desarrollar la paciencia y la tolerancia. Por eso creo que esta experiencia constituye un capital no sólo académico (por su doble titulación), sino de vida y que favorece a generar herramientas para construir nuestro futuro.