El fundador de la Gerencia Social y referente en temas de pobreza, Bernardo Kliksberg, será homenajeado el 28 de noviembre con el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Católica de Córdoba. Será en el marco del Atrio de los Gentiles, un evento que se realiza en diferentes partes del mundo, con la finalidad de crear un espacio neutral de encuentro entre creyentes y no creyentes.
En entrevista con Noticias UCC, habló de sus ideales y de todo lo que, a su juicio, se puede hacer para mejorar el mundo desde el lugar de cada uno. Para Kliksberg, no hay excusa posible.

—¿Como definiría a la gerencia social?¿Qué la diferencia de otras gerencias?
— La gerencia social es una disciplina que se aboca a trabajar con la población más pobre. En ella se atienden temas como la falta de vivienda, la inclusión educativa, cobertura de salud pública, entre otros. Hace 20 años atrás lancé esta disciplina en la que se plantean problemas sociales muy diferentes de lo que se plantean en la gerencia de negocios por ejemplo, que tiene otros objetivos totalmente distintos, o en la gerencia tradicional.
Lo que yo hice fue identificar lo que son las características de la gerencia social. Lo primero es que cuando se trabaja con población pobre, junto con el propósito de ayudar, tiene que haber uno de empoderamiento. El objetivo no tiene que ser que el programa se perpetúe, sino que la población que lo recibe, pueda salir y seguir adelante por sus propios medios. El éxito final de un proyecto depende de esto y para ello, se requiere un tipo de gerencia que haga participar a la comunidad, que promueva los incentivos para que se organicen, que ayude a formarlos y dar capacidades a los líderes naturales del grupo. En este sentido, en todos los programas que yo he asesorado en más de 30 países, hemos insistido en armar escuelas de líderes comunitarios en las zonas más pobres y esto ha dado un resultado formidable.
Segundo, para que eso se de, tiene que haber participación comunitaria en el inicio, la gestión, el monitoreo y la evaluación del programa. Nunca tiene que ser un programa vertical o puramente asistencial sino que tiene que estar trabajando codo a codo con la población pobre. Tercero, en gerencia social hay un problema y es que las condiciones de la población pobre cambian permanentemente: los expulsan del lugar donde están viviendo, caen lluvias fuertes y arrasan con las viviendas, entonces la gerencia social debe ser adaptativa, tiene que estar planeando sobre la marcha. El momento del planeamiento y el de la acción están casi fusionados y hay que estar rediseñando de acuerdo a los emergentes de la realidad. En cuarto lugar, la población pobre tiene capital social y esto hace que surjan oportunidades que no se dan en la gerencia privada o tradicional. En mi experiencia, he podido comprobar que por más pobres que sean, en muchos casos tienen lazos de solidaridad natural, tradiciones, cariño por cosas que la sociedad de consumo ha destruido y que ellos siguen respetando. Si se les da oportunidad, generan iniciativas muy significativas.
Me atribuyen ser el padre de la gerencia social por haber identificado todo eso y tratar de transmitirlo. Hoy, esta disciplina se enseña en muchas universidades de América Latina y se ha convertido en programa de estudios en el que ya se ha formado una generación de gerentes sociales.

—Economía social ¿es sinónimo de cooperativismo?
—La Economía social es una alternativa fundamental para el género humano, frente al fracaso de las recetas totalitarias y comunistas del pasado y al fracaso total del capitalismo salvaje. Como lo dice el Papa Francisco: ninguno de los dos le dio ninguna solución al género humano. Crearon pobreza y desigualdad. Por eso la economía social es una gran solución y cuando hablo de eso, me refiero a un montón de cosas que se han desarrollado de diferentes maneras en distintos países. Un de ellas y que es central es el cooperativismo. Hoy las cooperativas agrupan a mil millones de personas en el mundo. Son una potencia productiva y una de las economías más potentes del planeta. Están basadas en valores, no en lucro cesante, por lo que cultivan naturalmente la solidaridad, los ideales y mucha voluntad de intentar mejorar la sociedad. Pero también las empresas recuperadas que son un éxito en la Argentina. Está también la economía de comunión con la que me identifico absolutamente.
En el marco del Atrio de los Gentiles, vamos a compartir en la Universidad muchas mesas redondas con Zamagni, que es uno de los creadores de la teoría de la comunión y que tiene propuestas sociales totalmente renovadoras. Están las formas de emprendedurismo social o articulado; todo el campo del microcrédito con su potencia; el banco de los pobres y la banca ética, que muy significativamente promueve la iglesia Católica.
La Economía Social está abierta para seguir creando formas de producción que creen inclusión y que estén basadas en valores éticos.

—¿Por qué cree usted que la gente sigue volcándose hacia lógicas más bien capitalistas?
—El Capitalismo salvaje ha envenenado a la población de muchos sectores del planeta con sus falsos ídolos los multimillonarios o figuras frívolas en medios artísticos masivos, y ha lanzado el mensaje de que esos son los héroes y que hay que tratar de ganar el máximo dinero sin escrúpulos, en el menor tiempo posible. Fundamentalmente, la ha envenenado con el consumismo desenfrenado y la insolidaridad y la ha convencido de que el egoísmo es la forma de vivir. Pero somos muchos los que estamos luchando contra esta contaminación cultural desde la intelectualidad comprometida con los pueblos, desde el voluntariado, las universidades, la economía social. Yo personalmente he tratado de aportar a eso mediante El Informe Kliksberg. El otro me importa, un programa televisivo donde desarrollo varios de estos conceptos. La serie habla de los héroes verdaderos del género humano, los héroes éticos, como Mandela, Martin Luther King, el Papa Francisco, Rigoberta Menchu... También hablo de la Biblia, que es mi libro de cabecera. Y tal parece que no estamos sonando en el vacío, la serie tiene audiencia y ha sido replicada en seis países, aparte de aquí, en Argentina. Además, hace 10 días fue seleccionada y nominada por la Academia Internacional de Televisión para el premio EMI internacional. Entre 3 mil trabajos que se presentaron, fue una de las cuatro nominadas formalmente para este premio.

—Alguna vez le han planteado que sus teorías plantean una utopía? ¿Qué responde a eso?
—La utopía es creer que podemos seguir viviendo en este planeta con esta desigualdad. Actualmente 86 individuos poseen una riqueza mayor a lo que tienen 3500 millones de personas. Con estos niveles de pobreza mueren por día 18 mil niños por desnutrición, falta de agua potable e instalaciones sanitarias. Durante el parto o embarazo, fallecen al día, 800 mujeres a causa de la pobreza. Esto genera violencia, discriminación, descontento generalizado y baja total de la cohesión social. Entonces lo utópico es creer que se puede seguir viviendo así.

—¿Cuál sería, a su juicio, el rol que debe cumplir la Universidad?
—El rol de la Universidad es central porque es la que concentra el desarrollo científico y tecnológico, la formación de los que van a comandar las empresas y los puestos destacados en el sector público.
En América Latina tenemos universidades que están entre las mejores del mundo. Mis grandes sugerencias para con las universidades son: la primera, es meterse de lleno en la agenda de la población pobre, en todos los campos científicos. Que enseñemos las cosas que van a ser útiles para poder vacunar masivamente, ayudar a que todos tengan instalaciones sanitarias y agua potable. Segundo, formar éticamente a los profesionales. Debemos perfeccionarnos muy bien en la técnica, pero discutiendo los grandes temas éticos de la sociedad actual. Tenemos que formar gerentes que tengan en cuenta la responsabilidad social empresarial. Las principales escuelas de Business administration del mundo fallaron en eso, porque fueron las formadoras de los principales causantes de la gran crisis económica mundial de 2008-2009: los que inflaron la burbuja de los salarios de los directivos, la burbuja de las hipotecas y la especulación salvaje. Los que llevan adelante los fondos buitres se graduaron en las mejores escuelas de negocios.
Muchos de mis últimos libros están dedicados al tema de cómo enseñar ética. No tengo una receta, pero sí un montón de sugerencias.

—Para cerrar, ¿cuál es el sentido que usted le da a la frase con la que finaliza sus programas: “Es mejor encender una vela que maldecir a la oscuridad”?
—Es una sabiduría que yo recogí de muchas religiones del planeta. El mensaje es que no basta con las críticas aunque son importantes pero es solo una etapa. Lo fundamental es que cada uno asuma su responsabilidad, que nos hagamos los unos responsables por los otros.
Cuando digo “mas vale encender una vela que maldecir a la oscuridad”, estoy diciendo: que no se queden en la crítica y sobre todo no sean cómplices, no digan ¿y yo qué tengo que ver? sino que hagan algo, lo que esté a su alcance. Participar de una ONG, en un voluntariado, pero métanse a cambiar el mundo, a mejorar el país y el continente, desde el lugar de cada uno. Todos están obligados a hacerse responsables los unos por los otros y a encender una lucecita. No hay excusa posible.