Agustina Donato es una de las sobrevivientes de República de Cromañón. A diez años de la tragedia, habló con Revista Noticias UCC sobre lo que vivió esa noche, un recuerdo que estará siempre presente.

—¿Cómo viviste ese día de la tragedia?
—Era mi quinto recital en Cromañón, que era el último de una trilogía que estaba haciendo Callejeros como forma de despedir el año. Eran tres fechas consecutivas y en cada una "presentaban" uno de los tres discos de estudio de la banda. Esa noche era el turno del último: "Rocanroles sin destino". Yo fui a los tres y ese día estaba sola así que fui directamente a una esquina donde nos encontramos con un grupo de chicos. Estuvimos un rato charlando, hasta que decidimos entrar. Hacia muchísimo calor y se notaba que había mucha gente. Habremos entrado dos horas antes del comienzo del recital y el cacheo fue mucho más minucioso que lo que se acostumbraba. Nos revisaron las banderas, las mochilas, la ropa y hasta nos hacían sacar las zapatillas. Lo que buscaban eran bengalas, que era algo muy común en esa época, no solo con Callejeros sino con cualquier banda de rock. Estuvimos sentados al fondo mientras tocaba la banda soporte "Ojos locos". A esa altura, ya se habían prendido varias bengalas. Había mucha exaltación, pero era una constante de esa época. El rock tenía muchos rituales, y una forma muy particular de comportamiento del público.
Se escuchó una voz por parlantes, que era la de Chabán que advertía y amenazaba en relación al tema de las bengalas. Lo había hecho también las dos noches anteriores pero nadie lo tomaba en serio porque insultaba y hablaba de una manera muy agresiva. Nos decía que si pasaba algo nos íbamos a morir todos como en el Shopping de Paraguay (aludiendo a la tragedia ocurrida en el supermercado Ycuá Bolaños en agosto de 2004 donde murieron 396 personas).
Antes de que empezara a tocar Callejeros fui al baño, que quedaba en el piso de arriba y me encontré con una amiga que había visto las dos noches anteriores. Recuerdo que no había agua, ni tampoco había una guardería en el baño, un gran mito que se instaló como verdad gracias a muchos medios de comunicación. Cuando bajamos me ubiqué adelante y le pedí a un chico que me subiera en los hombros para el primer tema. Subieron los músicos al escenario, el Pato Fontanet preguntó tres veces si nos íbamos a portar bien, y arrancó el recital con el tema "Distinto". Había varias bengalas prendidas y también una candela, que fue la que terminó desatando la tragedia. La diferencia entre una y otra es que la bengala emite una llamita de fuego controlada y relativamente estática y en cambio la candela, dispara llamitas de fuego de colores hacia arriba, a una distancia de aproximadamente un metro. El que sostenía la candela era un chico de unos 12 años que estaba arriba de los hombros de alguien. Yo me bajé de los hombros del chico que me sostenía y quedé más o menos en el medio del lugar, justo abajo de donde se empezó a prender fuego la media sombra. Todos mirábamos hacia arriba, porque había una llama, al principio quizás esperando que se apague sola, o sin dar importancia a la situación, nos quedamos quietos pero en cuestión de segundos, empezaron los gritos. La banda advirtió lo que pasaba y dejó de tocar. Todos salimos corriendo en distintas direcciones. Yo fui hacia la salida principal pero todas estaban cerradas, y se abrían hacia adentro, con lo cual se generó un amontonamiento contra la puerta, que siguió aumentando a medida que más gente quería salir. La puerta no podía abrirse y nosotros quedemos pegados contra la persona que teníamos adelante. Ahí, se corta la luz, lo que aumentó mucho la desesperación. Subía un humo espeso que venía de a momentos. Estábamos atrapados y el aire se acababa. Sólo puedo decir que en un momento estuve convencida de que me iba a morir, ahí, de esa manera, y a los 15 años. De hecho, perdí el conocimiento por unos instantes, pero alguien me sostuvo. Cuando recobre el sentido seguía parada casi en el mismo lugar que antes. Comenzaron a escucharse sirenas de bomberos que venían de afuera y unos minutos después, no se cuántos, de repente se abrió ese tapón, y empezamos a salir.
Afuera fue una continuación de lo que se vivía adentro. Todos desesperados, gritando, sirenas por todos lados, desconcierto, llanto, desesperación, una locura. Todos recorríamos la calle buscando a los nuestros. Los vecinos salían en pijama a socorrernos, colgaban mangueras de los balcones, nos traían toallas mojadas, nos daban plata para llamar a nuestras familias. Muchos salieron con sus autos particulares a cargar gente para llevar a los hospitales. La solidaridad fue inmensa, ni hablar de todos los que volvieron a entrar una y mil veces a Cromañón a ayudar a los que quedaban dentro. Yo realmente nunca tuve noción de que aún podía haber gente que no haya salido, por eso nunca se me ocurrió siquiera volver a entrar y es algo que me voy a reprochar siempre. Los miembros de la banda entraron y rescataron a muchos. Las ambulancias y los bomberos no daban abasto.
Ahí se vieron todas las fallas del sistema y la falta de preparación para desastres de esta magnitud. Yo vi como varios chicos tenían que pasarse una misma máscara de oxígeno, usarla dos segundos y pasársela a alguien que estaba igual o peor. Las ambulancias no alcanzaban, los bomberos no querían entrar. Por eso, los héroes de esa noche son los que volvieron a entrar y muchos murieron por hacerlo. Yo me fui encontrando con mis conocidos y fuimos a un locutorio a llamar a nuestras familias. Después nos fuimos caminando hacia la casa de Florencia mi amiga con la que me había encontrado en el baño y de allí me fueron a buscar. Ahí empezó otra nueva etapa de la pesadilla. Ya estaba todo en la televisión, y el número de muertes crecía cada minuto. Si lograba cerrar los ojos, me dormía con 25 muertos y a los 15 minutos me despertaba y había 33 y todo estaba pasando en ese lugar de donde yo misma había salido unas horas antes.

—En lo personal ¿qué cambió a partir de ese día?
—Puede que muchas cosas de mi vida hayan seguido siendo las mismas: los amigos, el colegio, mis actividades. Pero yo había cambiado. Esto me pasó a los 15 años y me definió para siempre. Hoy por hoy, tomo la vida como una segunda oportunidad e intento hacer cada cosa teniendo eso en cuenta. Pero para llegar a este momento hubo un proceso lento, largo y doloroso. La culpa es muy grande, las preguntas que uno se hace son muchas y a veces cuesta seguir. Durante mucho tiempo me cuestioné el hecho de estar viva, y eso es un peso enorme. No me permitía estar contenta, porque sentía que otros no tenían esa posibilidad, ni tampoco triste, porque sentía que así no honraba esa segunda oportunidad, y es realmente muy difícil vivir con eso.
Hoy, puedo canalizar todo de una manera más positiva, en donde trato de honrar la memoria de los chicos viviendo de la mejor manera posible. La herida va a estar siempre, el tema es aprender a vivir con eso de la mejor manera posible.

—¿Qué pensás que cambió a nivel social a partir de esa tragedia?
—La conmoción social apenas pasó esto fue enorme, pero creo que se olvidó rápido. Creo que el común de la gente sabe qué pasó en Cromañón, pero creo que la mayoría no lo tiene internalizado como algo que no debe pasar nunca más, y que debe servir como ejemplo de todo lo que no se tiene que hacer.
Es increíble el precio que tuvimos que pagar para darnos cuenta de determinadas cosas. La sociedad argentina está atravesada por Cromañón, pero ni eso la ha cambiado. Para mí, el cambio más grande se ha dado en el propio seno del rock y en su público, y en general en nuestra generación, la que hoy tiene 25, 26, 27 y 28 años. Estamos paridos y forjados a la luz de esa tragedia, así como la de nuestros padres y nuestros tíos es la generación post dictadura. Creo que el sector más cercano y afectado ha hecho su propio análisis, su autocrítica y ha iniciado su proceso de transformación.
Hoy hay una juventud comprometida con un cambio, y que entiende los procesos y las coyunturas. Hay mucha organización, mucha "militancia" y mucha resistencia en torno a esta causa. Organizaciones, de sobrevivientes, de jóvenes, que encaran el tema de diferente manera y apuntando a diferentes cosas, pero todos son jóvenes atravesados por este hecho histórico que decidieron hacer algo con eso y salir a buscar esa transformación social que la tragedia debería haber producido por sí sola. Hay muchos recordándole permanentemente a la sociedad que Cromañón pasó, y sigue pasando, y hay que hacer algo con eso.

—¿Pensás que en este caso se puede llegar a hacer justicia?
—Para mi, JUSTICIA sería que la vida de nuestros amigos no haya sido en vano. Para que haya justicia, debemos entender y cambiar montones de cosas y eso empieza por entender justamente quienes son los responsables.

“La negligencia es lo que produce Cromañón”.

—¿Quiénes creés que son los responsables?
—Personalmente creo que se está errando al señalar a Callejeros como los grandes responsables. Callejeros era una banda de rock, como tantas otras que se presentaba en Cromañón. Tenía un público que prendía bengalas, como tantas otras y que trataba de abrirse paso para dar el salto desde el under hacia la masividad. El hecho de que esa noche se encendiera la media sombra y se desatara una tragedia es meramente circunstancial. No es competencia de una banda, ni se les puede exigir que conozcan de planos, habilitaciones, certificados, materiales inflamables, seguridad y capacidad.
La verdadera responsabilidad de Cromañón es de un estado corrupto, que funcionaba y aún funciona a base de hacer la vista gorda a cambio de coimas, o directamente con desidia y ausencia. Por eso para mí la responsabilidad principal fue de Aníbal Ibarra, en ese estonces Jefe de Gobierno de la ciudad. De él dependían todos los órganos inferiores encargados de los controles que fallaron, compuestos por funcionarios designados por amistad o parentesco y no por su idoneidad. Hubo un juicio político sin precedentes en la historia del país, que destituyó a Ibarra de su cargo pero no lo inhabilitó para ejercer cargos en el futuro. Es parte de la tibieza con que se maneja históricamente la clase política argentina. Consecuencia de eso es que Ibarra hoy sea senador, y se vuelva a postular impunemente para en el 2015 ocupar el mismo cargo del que fue destituido.
También fue del sistema de habilitación e inspección y los funcionarios a cargo de ello. Fabiana Firzbin, Ana María Fernández, Gustavo Torres (imputados en la causa) y varios más que no fueron ni siquiera procesados. Ellos eran los encargados directos de controlar el estado de todos los locales nocturnos y bailables de la ciudad. Si Cromañón hubiese sido inspeccionado como corresponde, tendría que haber sido clausurado debido a todas las irregularidades que presentaba: funcionaba con un certificado de bomberos vencido, con unos planos que no se correspondían con la realidad, con ventanas tapiadas, ventilaciones obstruidas por la construcción de canchas de fútbol arriba del local, matafuegos vacíos, puertas clausuradas e infinidad de cuestiones que hubiesen sido fácilmente detectables. Solo ellos pudieron preverlo porque ese era su trabajo.
Además, la responsabilidad de Cromañón es de la comisaría con jurisdicción sobre el lugar, en cabeza del subcomisario Díaz (imputado en la causa) que recibía coimas mensuales. También de los inspectores y bomberos que pusieron una firma que certificaba una mentira y ni siquiera fueron procesados.
La verdadera responsabilidad es de Omar Chabán, Rafael Levy (dueño del boliche), y todos los que manejaban esa trampa mortal que era Cromañón, Esos empresarios inescrupulosos a quienes no les importó poner en riesgo permanente la vida de todos los asistentes, a cambio de obtener su rédito económico. Chabán (según dijo, por orden de Levy) es el que hizo cerrar todas las puertas para evitar “colados” y cerró la salidas de emergencia con candado y cadenas. Fue también el que negociaba con la policía para que ingresara más gente de la permitida, fue el que decidió poner una media sombra en el techo, en vez del material aislante que correspondía y que era más costoso.

—¿Seguís yendo a recitales?
Sí, no tengo ningún rencor con la música, ni con el rock. Callejeros para mí siempre fue sinónimo de vida. Ir a un recital de ellos me hace sentir absolutamente en paz con mi vida y siento que es el lugar en el que estoy conectada con los chicos, donde ellos quisieran que yo esté.
El público del rock reconoció ampliamente su parte de responsabilidad, por la forma irresponsable en que vivíamos en ese momento. No importaba cuánta gente había adentro de un lugar, no le prestabas atención a nada, y prender bengalas era lo más natural del mundo, nadie caía en la cuenta de que podían representar un peligro. Hoy están híper prohibidas entre las misma gente.
Con respecto a las bandas, ya no se toca en cualquier lado y un representante tiene funciones que antes eran absolutamente impensadas. Cromañón provocó que prácticamente no haya posibilidades para las bandas under, que no tienen convocatoria para tocar en lugares grandes y correctamente preparados para eso. Pero con todo el dolor que me produce decirlo siendo una amante y defensora del rock y de las bandas, me parece un costo razonable a cambio de aprender como se debe vivir en una sociedad coherente.

—A 10 años de la tragedia ¿Qué reflexión podés hacer?
—A 10 años de Cromañón, la reflexión es que necesitamos hacernos cargo como sociedad, que hagamos un aprendizaje de todo esto. Creo que hay una generación que asume su parte y un montón de jóvenes que estamos vivos, y dispuestos a dar pelea para que no quede en el olvido. 10 años después, seguimos tratando de rearmar nuestras vidas, y pidiendo siempre justicia y memoria para los pibes de Cromañón: que nunca se repita.

Después de Cromañón

A 10 años de la tragedia
En diciembre de este año, se cumplirán 10 años de la tragedia ocurrida en el boliche República Cromañón, que dejó un saldo de 194 chicos muertos y abrió la discusión sobre la inseguridad en locales nocturnos y de espectáculos.
Muchos dicen que hubo un antes y un después de la tragedia de Cromañón, porque puso al descubierto un problema integral del rubro de los boliches y un problema cultural de una sociedad donde impera la corrupción. Lo ocurrido ese fatídico 30 de diciembre, es un ejemplo de lo que puede pasar cuando se toman decisiones que priorizan la ganancia económica a costa de la seguridad de las personas.

¿Qué pasó ese día?
La información sobre lo sucedido está muy bien desarrollada en el sitio Web de familiares de víctimas de la tragedia de Cromañón: www.quenoserepita.com.ar. Según esa fuente, ese día alrededor de 3.000 jóvenes asistieron al recital del grupo Callejeros en el boliche República de Cromañón, habilitado solo para el ingreso de 1031 personas.
En el video que exponen en su Web, se relata que, a pocos minutos del comienzo del recital se inició un incendio, producido por el impacto del fuego de una candela sobre una media sombra que se derritió generando emanación de gases tóxicos. Al no poderse evacuar el lugar con rapidez, el humo produjo la muerte de 194 chicos, y dejó secuelas físicas y psíquicas en cientos de sobrevivientes.
Una de las cuestiones fundamentales del hecho y que en el momento del accidente trascendió en los medios, fue que la salida de emergencia estaba cerrada con un candado y por eso la gente no pudo salir del local con rapidez. Se presume que el motivo de la cerradura tiene que ver con que la salida comunicaba a un hotel y se pretendía evitar que se filtren ruidos hacia el exterior. También era una forma de que no ingresen personas sin pagar entrada.
Varios de los sobrevivientes, concuerdan en que ese día no había nada fuera de lo común. En esa época era muy común lanzar bengalas, sobre todo en los espectáculos de Callejeros, y si bien había controles previos a la entrada, en la práctica era muy difícil poder incautarlas.
“Se dieron un montón de cosas que confluyeron en un desastre- relata Juano Falcone, integrante de los grupos Caverna Rock y Casi Justicia Social en el documental Prohibido olvidar- la media sombra colgada del techo, las puertas que abrían para adentro y otras reformas que se habían hecho en el local y que restaban seguridad al lugar. No funcionaban los matafuegos, había canchas de fútbol donde debió haber extractores de humo, ventanas tapiadas, y la salida de emergencia cerrada con un candado” El problema se profundizó aún más porque se cortó la luz, algunos de los sobrevivientes cuentan que no se veía absolutamente nada. Los chicos entraron en pánico y hubo muertes por aplastamiento y asfixia.
“Al otro día cerró el 80 por ciento de locales nocturnos- aclara Falcone- lo que denota que se trataba de un problema integral del rubro de los boliches”.
Todo apunta a pensar que, si las inspecciones que debían realizar los entes públicos encargados se hubiesen realizado correctamente, esta tragedia se hubiera evitado.

Las responsabilidades y la causa judicial
Cromañón también puso al descubierto que existen diferentes responsabilidades y cuestiones a tener en cuenta a la hora de la organización de un recital: el dueño del espacio, el que organiza el show, los representantes de los que tocan, la banda misma, y fundamentalmente el Estado, que es quien vela porque se cumplan todas las reglamentaciones que apuntan a la seguridad de las personas.
En agosto de este año, una decisión del Tribunal Oral en lo Criminal 24 determinó la excarcelación de los músicos de Callejeros que estaban detenidos en el marco de esta causa y estuvieron en prisión durante 20 meses. En una entrevista reciente, exhibida en el canal C5N, Patricio Fontanet, líder de la banda, manifiestó que durante el recital nunca presintió la posibilidad de un peligro, “no había exceso de pirotecnia y de hecho entraba más gente en el lugar- y aclaró- No podemos pedir perdón por salir a cantar”. Fontanet, sostuvo además que Omar Chabán, el exgerenciador del boliche, les había asegurado que todo estaba en orden para el recital. Al margen de esto, el músico expresó que “no hizo algo que el resto de los bolicheros no haga”.
Omar Chabán falleció el 17 de noviembre pasado mientras cumplía prisión domiciliaria por estar enfermo de cáncer. Tenía una pena de 10 años y nueve meses. Por su parte, el dueño del local, Rafael Levy fue condenado a cuatro años y medio. Otros imputados como el ex secretario de seguridad porteño Juan Carlos López, su entonces segundo, Enrique Carelli; y el ex director de Seguridad Privada, Vicente Rizzo, fueron absueltos y los tres funcionarios del gobierno porteño, y Raúl Villarreal, mano derecha de Omar Chabán, recuperaron la libertad.
A 10 años de la tragedia, que en un primer momento causó una gran conmoción, pareciera que con el correr del tiempo, algunas cosas han vuelto a ser como eran, la gente se va olvidando y las medidas de control se han ido relajando también.

Qué controles se realizan en Córdoba
Noticias UCC conversó con José Fernández, Secretario de Control y Fiscalización de la Municipalidad de Córdoba. Este ente municipal, tiene la tarea de control de boliches, locales de espectáculos, grandes superficies, fábricas y hoteles, entre otros espacios. Según el funcionario, trabajan cerca de 500 personas en total en esta Secretaría y cuenta con alrededor de 10 patrullas que en su mayoría van acompañadas de policías adicionales.
“Hay muchos lugares donde se pueden generar tragedias y los controles son indispensables para evitarlas. Hacer una inspección técnica en un boliche, dar cursos de capacitación en prevención de accidentes, es abrir el paraguas para evitarlas”- comenta Fernández. La técnica es un procedimiento que indica si un lugar es seguro y cuál es la capacidad máxima de personas que pueden ingresar.
Entre las tareas de la Secretaría, se encuentran los controles previos en los que se inspeccionan las características edilicias, pero también durante los eventos. En estos casos se controla que no estén obstruidas o cerradas las salidas de emergencia, si esto ocurre, es motivo para clausurar el local. Se controla además la capacidad, sobre todo en boliches y bailes, y no está permitido utilizar máquinas de humo ni fumar. También entre sus funciones, están las de controlar que los matafuegos estén en forma y que los baños funcionen como corresponde, entre otras cosas.
“Si en un boliche hay metros no declarados, también se está cometiendo una infracción, porque los planes de evacuación son diferentes según sean los metros del local y la cantidad de gente que puede ingresar” - manifiesta Fernández.
Otro control al que se apunta es al de los after que según el funcionario, han crecido un 38 por ciento en comparación con el año anterior. En caso de ser detectados, se clausuran directamente, porque según la ordenanza no puede haber ningún boliche abierto pasadas las 5 de la mañana. “El problema es que a algunos los clausuran y siguen abriendo- aclaró- se ha reducido muchísimo pero sigue habiendo. También están las fiestas ilegales que se hacen sin autorización previa y sin la inspección técnica para decir si es un lugar seguro. En muchas se venden bebidas alcohólicas a menores”.
Si alguien percibe una irregularidad o contravención, debe denunciarla llamando a la guardia de la Municipalidad que recibe las denuncias y las deriva.